lunes, 28 de diciembre de 2009

Injusto pero necesario

Lo dejaré todo atrás. Llegué a comprender por primera vez, en mi corta vida, que las cosas que llegan solas, solas se van.

¿Será de esa manera?, o lo que pasa en realidad es que yo no sé conservarlas. 365 días al año - que por fin se termina - me pregunté si llegarías, y no fue así. Es hora de prender el primer cigarro.

Ojalá te des cuenta algún dia, lo más lejano posible, que no me sé expresar. Es más, estoy seguro que ese es mi peor defecto. Entiende que las palabras al frente tuyo no fluyen con naturalidad, y que me complico en demasía.

Ojalá redundes en este tema y te aburras de mi. Tal vez ni te intereso, o tal vez sí. Sólo tú lo sabes, pero no lo dices. Entre tu y yo hay una gran diferencia: Tu no lo díces y yo no sé ni cómo. He ahí el gran espacio que nos separa. Claro, eso y muchas cosas más.

Por ahora sólo me iré a dormir. Quién sabe y ahí, en mis sueños, nos encontremos con todo el tiempo del mundo y te aclare todo ésto. Que sin querer broten las palabras que necesito y termine con todo. Espero que no. Hoy, lo dejaré todo atrás.

martes, 1 de diciembre de 2009

Guarda silencio


Cuando colocó ambos pies en plena pista de la avenida, él se dio cuenta claramente que ella no volvería más. Se iba de viaje y seguramente para siempre.

La discusión se había originado meses atrás. Ella no comprendía todo el esfuerzo que él realizaba para reconstruir su gris relación, y él, cansado de eso, confundió amor con costumbre, ésta que no daba para más.

Su relación comenzó en años universitarios, ambos cursaban la carrera de Ingeniería Industrial en la Universidad Católica, y vivían a pocas cuadras uno del otro en Miraflores. Él acostumbraba recogerla a su casa para luego irse juntos a estudiar. Así fue como consiguió conquistarla, quién se iba a imaginar que así también, iba a terminar algo que duró muchos años.

En julio, específicamente un año antes de su ruptura sentimental, falleció el papá de ella. No lo podía creer. El señor que la vio crecer no estaba más entre nosotros. Su familia se despedazó en un dos por tres: la mamá viajó a Paris para vivir con su prima, su hermano, que vive en Bogotá, pisó suelo peruano tan rápido como recibió la noticia. Lastima que tuvo que regresarse por motivos laborales, y ella, bajó el promedio de sus notas, su futuro era incierto y el hambre no la acompañaba a diario. Ahí, en ese momento, apareció él. El indicado. El único que la podía socorrer ante tan grande pena. Sólo él podía darle ese abrazo que tanto necesitaba. Y así fue.

En los tres años y dos meses que duró su relación, los problemas no faltaban, muy rara vez pasaban un fin de semana en paz y los martes siempre fueron días de reconciliación. ¡Qué miércoles para más felices!

Pero para la su mala suerte, ella pisó el suelo de aquella avenida. Cruzó la pista y entro al aeropuerto. Él, atónito, optó por seguirla – lo más rápido que pudo – y en el intento la perdió de vista.

Perdió el panorama pero no la intuición. La encontró en el Café del aeropuerto y le pidió una explicación. El por qué de su marcha tan repentina. Cómo creía posible dejarlo todo así. Abandonar la universidad después de tantos ciclos, y más que todo, desampararlo a él, luego de tantos años juntos. Cómo.

Ella agachó la mirada, juntó tímidamente los pies, dando síntomas de miedo y vergüenza. No dijo nada. El silencio se apoderó de los dos y de sus tan rasguñados corazones. No era justo. Ni para él, ni para ella. Ella lo abandonaba así de fácil, dejándolo sin ninguna explicación.

Nunca le dijo por qué se fue. Todo esto era rarísimo. Él, en lágrimas que chorrearon hasta sus rodillas, sólo la veía entrar por la puerta que los despidió después de tantos años. Ni el comprendía por qué nunca reclamó lo justo. Jamás pidió una explicación.

Cinco meses después, le llegó una carta desde el extranjero: Conseguí una beca de estudio por cinco años. No te lo dije allá en Lima porque no me iban a alcanzar las fuerzas para despedirme de ti. ¿Podrás esperarme?´

Él, rápidamente respondió: Ahora me toca a mi quedarme callado.