domingo, 8 de noviembre de 2009

Llueve para arriba

Llévate lo que quieras. Siéntete dueña de todo esto, te lo mereces. No tengo lugar a réplica ni mucho menos a recriminarte algo. Ah, eso sí, te quiero hacer una última pregunta… ¿Cuánto más?

Aquí todo está de cabeza y seguirá así por mucho tiempo. En líneas generales no encuentro nada, pero si hablamos de la particularidad, confieso que no puedo desprenderme de tu inmensa mirada. Está tan atada a mí como yo a ella. No es que me incomode, pero ya ha estado ahí lo suficiente, lo mejor sería desalojarla de buena manera.

Sinceramente no soy capaz de borrar ese par de ojos. Tendría que estar muy loco para decidirme a hacerlo. Concuerdan perfectamente con tu nariz y boca. ¡Qué complemento para más preciso! Algún día haré un retrato y lo subastaré al precio más alto. Tanto, que nadie podrá comprarlo; aceptarán que me pertenece y que mi iluso egoísmo es capaz de cosas increíbles.
Qué bueno sería poder subastar recuerdos, aunque pensándolo bien, los míos no tienen precio. No se pueden tocar, pero me permiten regresar a años anteriores, y de qué manera. Estas anécdotas me permiten probar nuevamente ese sabor a victoria. ¿Qué?, sí, éstas que las guardaba en los bolsillos y se me cayeron con el pasar de los meses (no todas, claro).

Ahora sólo me queda uno que otro imperdible, pero no importa, la cantidad no hace la calidad, obviamente. Ah, pero eso sí, no están en ningún bolsillo como en antaño, se encuentran bajo cuatro llaves y muy rara vez los saco a pasear. Tengo miedo que se vayan corriendo y nunca más verlos. Eso sí que sería total desgracia.

Me despido de ti por primera vez. Sin beso previo ni contacto físico, pero sí con la misteriosa e inexplicable sin sazón de no haberlo hecho antes. Mira tú, sin querer me respondí la pregunta que te hice al principio. ¿Cuánto más?, no más, se acabó. Gracias por nada y a la vez, gracias por todo. Fuiste todo y a la vez no fuiste nada. Me voy pero me quedo contigo.

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